El 8 de marzo, fecha en la que el mundo conmemora el Día Internacional de la Mujer, se vivió en la ciudad con una mezcla de protesta, tensión y movilización social. Desde las primeras horas de la mañana, grupos de mujeres comenzaron a congregarse en distintos puntos, sumándose a una jornada que buscaba visibilizar las demandas por igualdad, justicia y el fin de la violencia de género. Sin embargo, lo que comenzó como una marcha pacífica derivó en momentos de confrontación que dejaron en evidencia la fragilidad del diálogo entre las manifestantes y las autoridades.
Alrededor de las tres de la tarde, la movilización principal tomó las calles del centro histórico, donde cientos de mujeres avanzaron con consignas, pancartas y cánticos. Pero fue en el zócalo donde la situación escaló. Un grupo identificado como el “bloque negro”, conocido por su postura más radical, protagonizó actos de vandalismo: rompieron cristales de comercios y oficinas públicas, arrancaron las tablas de madera que protegían los ventanales de algunos establecimientos y realizaron pintas con mensajes de protesta. La respuesta no se hizo esperar. Elementos de bomberos intentaron sofocar las llamas provocadas por el fuego que las manifestantes encendieron en las puertas de dos bancos, pero su labor se vio obstaculizada cuando les arrojaron botellas con agua.
La llegada de la Policía Estatal para controlar el incendio y restablecer el orden desencadenó una serie de enfrentamientos. Hubo empujones, gritos y forcejeos entre las uniformadas y las participantes, que se negaban a abandonar el lugar. La tensión alcanzó su punto más álgido cuando los agentes avanzaron para desalojar la plaza, deteniendo a dos mujeres y un hombre vinculados a la protesta. Una de las detenidas, quien se identificó como Lourdes, fue llevada bajo custodia en medio de los reclamos de sus compañeras.
Mientras tanto, el paisaje urbano reflejaba la incertidumbre de la jornada. Numerosos negocios y oficinas públicas permanecían cerrados, con sus puertas y ventanas blindadas con tablas de madera como medida de precaución. En contraste, algunos restaurantes y tiendas de ropa optaron por mantener sus puertas abiertas, aunque con evidente cautela. Agentes de tránsito y protección civil vigilaban los alrededores, intentando garantizar la seguridad de quienes transitaban por la zona.
La marcha del 8M, que en años anteriores había transcurrido con mayor calma, este año dejó al descubierto las profundas divisiones en torno a las formas de protesta. Mientras algunas voces defendieron el derecho a manifestarse, incluso con acciones más contundentes, otras criticaron los daños a la propiedad pública y privada, argumentando que estos actos restan legitimidad a las demandas del movimiento feminista. Lo cierto es que, más allá de los incidentes, la jornada sirvió para recordar que la lucha por la igualdad de género sigue siendo un tema urgente, pero también complejo, en el que las diferencias de estrategia pueden opacar el mensaje central: la necesidad de un cambio real y sostenido.
