El pasado encuentro reunió a algunos de los nombres más influyentes del sector empresarial mexicano, figuras clave en la economía nacional que marcaron presencia en un diálogo estratégico con las autoridades federales. Entre los asistentes destacaron magnates como el ingeniero Carlos Slim Helú, cuya trayectoria al frente de Grupo Carso lo ha consolidado como uno de los hombres más ricos del mundo, y su hijo, Carlos Slim Domit, quien lidera la expansión de sus negocios en sectores como telecomunicaciones, infraestructura y energía.
También estuvieron presentes Alfonso de Angoitia, pieza fundamental en la dirección de Grupo Televisa y reconocido por su visión en el ámbito de los medios de comunicación; Alejandro Baillères Gual, heredero del imperio financiero de Grupo BAL, con intereses en minería, seguros y banca; y José Antonio Fernández Garza, presidente de FEMSA, el gigante detrás de marcas como OXXO y Coca-Cola en México, cuya influencia se extiende a nivel internacional.
El círculo de poder empresarial se completó con la participación de Carlos Hank González, vinculado a Grupo Financiero Banorte y con una larga trayectoria en el sector financiero, así como Alejandro Soberón Kuri, presidente de CIE, empresa líder en entretenimiento y espectáculos en América Latina. No menos relevante fue la presencia de Guadalupe de la Vega, presidenta del Grupo Aero, cuya experiencia en el sector aeronáutico aporta una perspectiva clave para el desarrollo de infraestructura crítica en el país.
El gobierno federal subrayó que el propósito central de este encuentro fue sentar las bases de una agenda compartida, diseñada para impulsar el crecimiento económico desde múltiples frentes. Entre los ejes prioritarios se mencionó la atracción de inversiones, tanto nacionales como extranjeras, que permitan dinamizar sectores clave como la manufactura, la tecnología y las energías renovables. La generación de empleos formales y bien remunerados también ocupó un lugar destacado en las discusiones, en un contexto donde la recuperación económica postpandemia sigue siendo una prioridad.
Otro tema central fue el fortalecimiento de la infraestructura estratégica, un rubro en el que México ha mostrado avances significativos, pero que aún requiere de alianzas público-privadas para cerrar brechas en conectividad, logística y desarrollo urbano. Proyectos como el Tren Maya, el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec y la modernización de aeropuertos fueron señalados como ejemplos de cómo la colaboración entre ambos sectores puede traducirse en beneficios tangibles para la población.
Más allá de los acuerdos formales, el encuentro reflejó la voluntad de ambos bandos por construir puentes de diálogo en un momento en que la economía global enfrenta desafíos como la inflación, la volatilidad de los mercados y la reconfiguración de las cadenas de suministro. Para los empresarios, la reunión representó una oportunidad para alinear sus intereses con las políticas públicas, mientras que para el gobierno significó un respaldo a su estrategia de desarrollo económico, basada en la atracción de capital y la promoción de proyectos de alto impacto.
Aunque aún queda por verse cómo se materializarán estos compromisos, el simple hecho de que figuras de esta envergadura se hayan sentado a la mesa envía un mensaje claro: México busca posicionarse como un destino atractivo para la inversión, con reglas claras y un marco de certidumbre que incentive la participación del sector privado. En un escenario donde la competencia por capitales es cada vez más feroz, este tipo de alianzas podrían marcar la diferencia entre un crecimiento mediocre y uno que realmente transforme la realidad del país.
